Reseña: El pasajero del diablo, mucho sobresalto y poco suspenso

El pasajero del diablo, dirigida por André Øvredal, propone una mezcla de terror psicológico y road movie al seguir a una pareja que, tras presenciar un accidente en carretera, queda marcada por una presencia demoníaca que los persigue sin descanso.
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Autor: Agustín Campos

La película convierte el viaje en una experiencia infernal, donde la ruta deja de ser un espacio de libertad para transformarse en una condena constante.
Desde su planteamiento, el film apuesta por un enfoque tradicional. La narrativa, los diálogos e incluso las actuaciones se mantienen dentro de lo esperado, sin grandes riesgos. Esto no la convierte en una mala película —de hecho, permite desarrollar mejor la relación entre los protagonistas y sus conflictos, pero sí la deja en un terreno seguro que nunca logra despegar hacia algo más distintivo.

La idea de convertir el viaje en un encierro infernal tiene potencial y se alinea con el terror contemporáneo que mezcla lo sobrenatural con lo psicológico. Sin embargo, la película nunca logra desarrollar completamente esa promesa y se queda en la superficie de sus propias posibilidades.

Primeras Impresiones: una premisa inquietante que engancha, pero que rápidamente revela su tono genérico y sus limitaciones

La premisa es simple Maddie (Lou Llobell) y Tyler (Jacob Scipio) deciden dejar atrás su vida rutinaria para emprender un viaje en caravana en busca de un nuevo comienzo. Sin embargo, todo cambia cuando, tras un misterioso accidente en la carretera, quedan marcados por una presencia demoníaca que comienza a perseguirlos sin descanso.

A medida que avanzan por rutas cada vez más desoladas, la amenaza se vuelve más intensa y cercana, transformando el viaje en una pesadilla constante. Sin posibilidad de escapar, Maddie y Tyler deberán enfrentarse no solo a esta entidad demoníaca, sino también a sus propios conflictos, en un camino donde cada kilómetro puede ser el último.

Uno de los aspectos más destacados del film es su capacidad para construir una atmósfera inquietante. La sensación de encierro, incluso en espacios abiertos como la carretera, genera una tensión claustrofóbica que se mantiene durante gran parte del metraje.

Sin embargo, uno de los principales problemas del film es su dependencia excesiva de los sobresaltos, el terror aquí se apoya más en el impacto inmediato que en la construcción de una atmósfera sostenida, lo que termina debilitando el suspenso. Hay ruido, hay momentos diseñados para asustar, pero falta esa tensión que crece de manera progresiva y que realmente perturba al espectador. En ese sentido, la película se siente más reactiva que inquietante.

Uno de los puntos más débiles es el desaprovechamiento de sus propios elementos más interesantes. La caravana, que podría haber sido un espacio clave en la construcción del horror, termina reducida a un simple vehículo sin mayor peso narrativo.

A esto se suma una sensación constante de déjà vu. La historia recurre a elementos ya muy vistos dentro del género: la entidad inexplicable, la carretera como espacio de amenaza y los protagonistas atrapados en una situación sin salida. Nada de esto está mal en sí mismo, pero la falta de un enfoque distintivo hace que la película se sienta muy genérica, como una suma de clichés del cine de terror reciente sin una identidad propia.

¿Vale la pena verla?

La película es tradicional desde su puesta en escena hasta sus actuaciones y diálogos, moviéndose siempre dentro de los códigos más reconocibles del género. ¿Esto la convierte en una mala película?

No, de hecho le permite sostener una historia clásica de terror y hacer que el espectador entre rápidamente en la historia. Sin embargo, esa misma falta de riesgo es también su mayor limitación: a ratos se siente como una típica película de terror con sustos genéricos que no logran trascender ni generar un impacto y la hace olvidable.

El pasajero del diablo ofrece una experiencia efectiva por momentos, especialmente en su atmósfera y tensión constante, pero se queda corta en su desarrollo narrativo. Tiene elementos atractivos y un punto de partida potente, pero no logra trascender más allá de ser un de terror sobrenatural, y thriller psicológico correcto, que entretiene sin dejar una huella duradera.

Si disfrutas de las películas de terror más tradicionales, con una estructura clara, tensión constante y sustos directos, El pasajero del diablo puede ser una opción que valga la pena. No reinventa el género ni arriesga demasiado, pero cumple con lo que promete y ofrece varios momentos efectivos a lo largo de su recorrido.

Se encuentra disponible en cines de Chile desde el 21 de mayo.