Digger marca el regreso al cine de Alejandro G. Iñárritu, director de películas como Amores perros, Birdman y El renacido, con una propuesta completamente diferente que apuesta por la comedia, el absurdo y la catástrofe.
Y quizás esa sea la mejor manera de aproximarse a Digger: no esperando una película tradicional de Cruise ni tampoco una obra convencional de Iñárritu. Ambos parecen interesados en romper con aquello que el público espera de ellos y construir una película deliberadamente exagerada, incómoda y difícil de clasificar.
Las primeras reacciones ya anticipaban precisamente aquello. Algunos críticos la han considerado una propuesta audaz y visualmente impresionante, mientras otros cuestionan su narrativa fragmentada, su extravagancia y algunas de sus decisiones. Pero incluso entre opiniones completamente opuestas aparece un punto en común: Tom Cruise se entrega por completo al personaje.

Digger Rockwell, uno de los grandes personajes de Tom Cruise
Si bien, una de las primeras cosas que llama la atención en Digger es la impresionante transformación física de Tom Cruise, con cabello canoso, prótesis y una apariencia que por momentos hace difícil reconocerlo, quedarse únicamente con ese cambio sería pasar por alto lo más interesante de su actuación. Aquí hay que concentrarse en Digger Rockwell, el personaje detrás de esa transformación.
Rockwell es un poderoso y excéntrico magnate petrolero, un hombre acostumbrado a tener el control y convencido de que su dinero, influencia y posición pueden solucionar prácticamente cualquier problema. Cruise deja atrás al héroe de acción que ha definido buena parte de su carrera para interpretar a un personaje exagerado, egocéntrico y por momentos completamente absurdo, pero que poco a poco deja ver otros matices.
Ahí está uno de los grandes aciertos de Cruise. No se limita a esconderse detrás del maquillaje o las prótesis, sino que construye a Digger desde sus gestos, su manera de hablar, sus movimientos y su enorme necesidad de sentirse importante. Hay algo deliberadamente excesivo en su interpretación, pero encaja perfectamente con el tono de comedia negra que propone Iñárritu.
Digger está convencido de que puede controlar prácticamente cualquier situación. Todo cambia cuando las negligencias relacionadas con su imperio provocan una catástrofe ecológica de dimensiones mundiales: un enorme iceberg amenaza con desprenderse y dirigirse hacia Europa, poniendo en peligro a millones de personas.
Sin embargo, Rockwell no parece preocupado únicamente por solucionar aquello que provocó. También necesita demostrar que puede convertirse en el salvador de la misma crisis de la que es responsable. Su ego, su necesidad de controlar la narrativa y su obsesión por la manera en que los demás lo perciben terminan siendo tan importantes como la propia catástrofe.

El verdadero desastre está en el poder
Aunque Digger utiliza una enorme amenaza ambiental como motor de su historia, Iñárritu no está haciendo simplemente una película sobre una catástrofe o el cambio climático. El iceberg funciona como el escenario para hablar de algo mucho más amplio: la naturaleza humana, el poder, la ambición y nuestra facilidad para justificar nuestras propias decisiones.
La sátira tampoco se limita a Digger. La crisis alcanza a las autoridades estadounidenses y ahí aparece el presidente Compson, interpretado por John Goodman, un mandatario que forma parte de un sistema donde controlar el relato alrededor de una emergencia puede llegar a ser tan importante como encontrar una solución.
Iñárritu utiliza a estos personajes para observar qué ocurre con el poder cuando comienza a perder el control. Todos intentan proteger algo: su dinero, su posición, su imagen o la historia que finalmente quedará sobre ellos. Incluso frente a una amenaza de dimensiones mundiales, las ambiciones personales continúan ocupando un lugar importante.
Lo que inicialmente parece una película sobre una catástrofe ambiental termina convirtiéndose en una sátira sobre el ego, la política, las apariencias y la necesidad humana de mantener el control incluso cuando todo comienza a derrumbarse.
Reírse mientras el mundo se derrumba
La película cambia, exagera y constantemente juega con las expectativas del espectador. Como ya ocurría en Birdman, vuelve a experimentar con los límites entre realidad y representación, construyendo diferentes capas alrededor de aquello que estamos observando.
Iñárritu utiliza el humor como una manera de acercarse a temas que fácilmente podrían haberse convertido en un discurso demasiado solemne. Digger se mueve entre la comedia negra, el absurdo y el cine de catástrofes, construyendo situaciones deliberadamente exageradas en las que incluso el posible fin del mundo puede convertirse en una oportunidad para proteger una reputación o mantener una posición de poder
La gracia está precisamente en esa contradicción: la situación es terrible, pero la reacción humana puede ser profundamente absurda.
Sin embargo, no todos esos cambios de tono funcionan con la misma fuerza. En algunos momentos, Digger parece demasiado consciente de lo extravagante que quiere ser y ciertas ideas terminan perdiéndose entre la cantidad de estímulos y decisiones narrativas. Pero esa misma imprevisibilidad también forma parte de su personalidad: nunca resulta completamente claro cuál será el siguiente paso de la película.
Además, existe un giro importante que cambia considerablemente la manera de interpretar lo ocurrido anteriormente. Es mejor no revelar demasiado sobre aquello, porque buena parte de la experiencia está precisamente en descubrir hasta dónde está dispuesto a llevar Iñárritu esta historia.

No sorprende que Digger esté provocando reacciones tan diferentes.
No estamos frente a una producción diseñada para generar consenso. Iñárritu y Cruise prefieren arriesgarse, incluso cuando algunas decisiones pueden desconcertar o simplemente no funcionar.
El resultado es irregular, extraño y excesivo, pero también posee algo que muchas grandes producciones actuales buscan sin encontrar: una identidad propia.
Más allá de la catástrofe ambiental, Digger termina hablando sobre personas incapaces de aceptar que existen situaciones que simplemente no pueden controlar. Sobre hombres poderosos intentando controlar el relato cuando ya perdieron el control de la realidad.
Y sobre lo absurdo que puede resultar observarnos intentando justificar nuestras propias acciones.
¿Vale la pena verla en el cine?
Digger vale la pena verla en el cine, especialmente por la oportunidad de encontrarse con un Tom Cruise completamente diferente al que estamos acostumbrados. Su interpretación de Digger Rockwell, el humor negro de Iñárritu hacen que la película gane mucho en pantalla grande. Es una película arriesgada, impredecible y con personalidad propia.
Pero si existe una razón que por sí sola justifica darle una oportunidad a Digger, esa es Tom Cruise. Su transformación física puede ser lo primero que llame la atención, pero rápidamente pasa a segundo plano frente a la interpretación de Digger Rockwell. Cruise se aleja del héroe de acción que ha definido buena parte de su carrera y se permite ser exagerado, absurdo, egocéntrico y vulnerable. Es una de esas actuaciones donde poco a poco dejamos de mirar a la estrella para concentrarnos completamente en el personaje.
Y si bien no es la típica película de Tom Cruise a la que muchos espectadores pueden estar acostumbrados, justamente ahí está gran parte de su atractivo. Digger es arriesgada, impredecible y visualmente impresionante, pero sobre todo nos entrega a un Cruise completamente diferente en una de las mejores actuaciones de su carrera. Puede dividir opiniones, pero difícilmente dejará indiferente.
La película llegará a los cines y salas IMAX el próximo 1 de octubre, y su preventa ya se encuentra disponible en cines seleccionados de todo el país.
A continuación, revisa el tráiler de Digger:





