Tocando sus clásicos de más de 35 años, subiendo a una fanática al escenario por su cumpleaños y bailando rozando el striptease, así fue la segunda y última jornada de Lenny Kravitz en Chile el jueves 5 de diciembre. El músico estadounidense hipnotizó al Movistar Arena de principio a fin.
Parece que el neoyorquino descubrió la cura contra el paso del tiempo porque, con 60 años, brindó un show y dio cátedras de rock durante más de dos horas. Un gran despliegue visual, bajos y amplificadores a full, no pasaron desapercibido ante los fans presentes en el recinto del Parque O’Higgins. Con este show, Lenny Kravitz se quitó tres décadas de encima y nos devolvió a la década de los 90’s a punta de puros hits radiales.
Jeans ajustados, botas y un atuendo noventero, Lenny Kravitz saltó al escenario como un verdadero rockstar de antaño. Pero, la superficialidad quedó atrás y los sentidos comenzaron a apoderarse de los músicos y los presentes cuando inició la noche con los clásicos «Are You Gonna Go My Way«, «Minister of Rock ‘n Roll«, «Bring It On» e interpretó «TK421«, canción de su más reciente álbum.

Justo tras esta última canción, el neoyorquino habló por primera vez en la noche con el público, en español y con un claro mensaje espiritual que culminó con un mensaje creyente. En este contexto, el artista expresó que «somos energía, somos vida, somos amor…significan tanto para mí. Muchas gracias, los amo (…) empecemos esta celebración agradeciendo a Dios». Justo después de este mensaje, interpretó «I’m a Believer» y «I Belong To You«, una balada de rock suave mezclado con reggae, que pareciera que fue creada por Lenny Kravitz como una forma de interpretación de lo que le diría a Dios si este bajará y estuviese frente a él.
El desenfreno y algarabía ya a esta altura del show era total. Y, vino una guinda para la torta, un recuerdo que la protagonista no olvidará nunca. En medio de su show, el neoyorquino miró por todos los rincones del Movistar Arena, buscando a quién subir al escenario. Finalmente, la afortunada fue una joven llamada Viviana, quien tenía un cartel que señalaba que era su cumpleaños. En esta línea, el cantante hizo que el público le cantará «feliz cumpleaños» y, luego, le regaló una toalla personal que estaba usando durante el concierto.
Luego de este emotivo momento, Lenny Kravitz demostró que no es un artista que viva del pasado y que tampoco su éxito es producto del presente; demostro que es un artista transversal. Mezclar en la línea del setlist clásicos de los 90’s y principios de los 00’s como «Stillness of Heart» y «Believe«, con «Paralyzed«, «Low» y «The Chamber«, que son creaciones más contemporáneas, sobre todo, «Paralyzed«, que es de su último álbum: «Blue Electric Light«.

La purificación musical continuó de la mano de una hilera de sus mejores creaciones como artista y que comenzaban a señalar que el fin del espectáculo estaba más cerca que lejos. «Always on the Run«, «It Ain’t Over ‘Til It’s Over» y «Again«. El neoyorquino no quiso dejarlo solo en eso y desparramó ante el público más hits de su carrera de más de 30 años. Así, sonaron fuerte en el Movistar Arena sus clásicos noventeros «American Woman» y «Fly Away«.
El público no solo reconoció el despliegue y talento de Lenny Kravitz sobre el escenario. Al momento de los créditos, los aplausos y gritos se los llevaron la baterista Jas Kayser de tan solo 24 años y el guitarrista Craig Ross. Quienes, junto a la banda de apoyo del icono estadounidense, entregaron un show de primer nivel en el recinto capitalino.
Tras «Human«, de su más reciente álbum, el artista descendió del escenario e hizo creer a muchos fanáticos que el fin del concierto había llegado. Pero, luego de unos minutos, saltó nuevamente al escenario e interpretó uno de sus primeros hits y nos transportó por un momento a finales de la década de los 90 con «Let Love Rule«.
En medio de esta canción que cerró la jornada, el cantante descendió del escenario y, resguardado por los funcionarios de seguridad, recorrió caminando parte de las localidades donde estaban los fanáticos, para poder saludar o autografiar a los más afortunados.





