Reseña: Engendro, una maternidad aterradora que pudo ser mucho más

Engendro (Nightborn), la nueva película de Hanna Bergholm, viene a contar una historia de sufrimiento y dudas frente al posparto, donde te incomodarán con un bebé siniestro.
Engendro
Picture of <b>Autor: </b>Agustín Campos
Autor: Agustín Campos

Parte de una premisa que promete mucho: una pareja se instala en una casa aislada en los bosques de Finlandia y, tras el nacimiento de su primer hijo, la madre comienza a sospechar que algo profundamente extraño ocurre con el bebé. A partir de ahí, la película intenta combinar terror corporal, folclor finlandés y una alegoría sobre el posparto. El problema es que tiene demasiadas buenas ideas y no sabe cómo aprovecharlas.

Adelantando, Engendro es una película que tiene un inicio prometedor, pero mientras más avanza, más pierde el interés. Trata de usar el factor shock en la mayoría de sus escenas, pero estas empiezan a repetirse. Y enfrenta temáticas que son muy interesantes, pero que, al no ir con todo en una sola, pierde muchísimo más potencial.

Sin embargo, el problema es que la película parece tener miedo de confiar en su propia premisa.

Reseña: Terror, maternidad y folclor se mezclan en una propuesta que pudo ser mucho más

La historia sigue a Saga (Seidi Haarla) y Jon (Rupert Grint), una pareja que se instala en la deteriorada casa de la infancia de ella. El lugar ya transmite una sensación inquietante: está cubierto de moho, tiene elementos extraños en su interior y se encuentra rodeado por un bosque que parece esconder algo. Poco después nace su hijo, pero lo que debería convertirse en uno de los momentos más felices de sus vidas comienza a transformarse en una pesadilla.

La primera mitad demuestra lo que podría haber sido la película. Hay una incertidumbre que funciona muy bien y que permite que el espectador dude junto a Saga. La pregunta de si existe realmente una criatura sobrenatural o si todo está relacionado con su estado mental genera una tensión mucho más efectiva que varios de los momentos explícitamente terroríficos que aparecen después.

El bebé no se comporta como uno normal. Es particularmente peludo, tiene una relación extraña con la luz y la alimentación, y desarrolla una inquietante preferencia por la sangre. Mientras Saga comienza a experimentar un fuerte desgaste físico y emocional, la película mantiene durante buena parte de su primera mitad una pregunta interesante: ¿realmente existe algo sobrenatural en ese niño o todo está siendo filtrado por la percepción de una madre que atraviesa un complicado posparto? Esa incertidumbre es, precisamente, uno de los mayores aciertos de Engendro.

El problema es que la película finalmente decide responder esa pregunta de una manera mucho menos interesante de lo que había planteado. En lugar de profundizar en la ambigüedad psicológica y utilizarla para construir un terror más incómodo, Engendro comienza a revelar sus elementos sobrenaturales de manera cada vez más evidente. Y cuando desaparece la duda, también desaparece buena parte del misterio que hacía atractiva su primera mitad.

Aunque la película tiene pocas sorpresas reservadas para nosotros, hay algo agradablemente sencillo en cómo deja poco espacio para el subtexto a lo largo de la misma. Todo está bastante claro: la maternidad como experiencia angustiante, el posparto, el miedo al propio cuerpo y la presencia de algo sobrenatural. El problema es que esa misma transparencia termina perjudicando al terror. Engendro explica demasiado cuando debería inquietar más, dejando poco espacio para que el espectador complete los vacíos y construya sus propios temores.

Recurre constantemente al factor shock, esperando que las imágenes grotescas sean suficientes para mantenernos incómodos. Y algunas funcionan. Hay momentos que provocan rechazo, especialmente cuando el cuerpo de Saga y el del bebé se convierten en espacios de transformación y violencia. Pero el problema aparece cuando la película empieza a repetir la fórmula.

Una escena perturbadora puede funcionar una vez. Dos veces todavía puede mantener su efecto. Pero cuando una película depende de la misma estrategia una y otra vez, el espectador comienza a anticiparla. Y cuando podemos anticipar el susto, el terror desaparece.

Aquí es donde la película desaprovecha varios de sus mejores elementos de terror. La casa, el bosque, las extrañas formas de la naturaleza y la propia criatura ofrecían posibilidades enormes para desarrollar una atmósfera mucho más perturbadora. Sin embargo, la película parece más interesada en explicar lo que está ocurriendo que en hacernos sentir miedo frente a ello.

Eso hace que Engendro sea una película mucho más incómoda que aterradora.

Seidi Haarla sostiene muy bien esta parte de la historia. Su interpretación transmite el agotamiento y la desesperación de Saga, mientras Rupert Grint aporta una dinámica interesante como Jon. La relación entre ambos también tenía potencial para profundizar mucho más en el conflicto familiar y en las dificultades de enfrentar una experiencia de posparto tan extrema.

Es justamente ahí donde Engendro demuestra que tenía una película de terror mucho más potente escondida dentro de sí. Si hubiera elegido desarrollar a fondo el terror psicológico, o el body horror, o el folclor, podría haber construido una identidad mucho más definida. En cambio, intenta combinar todos estos elementos y termina sin explotar completamente ninguno.

No estamos frente a una película sin virtudes. Tiene una premisa interesante, una buena interpretación protagonista, una atmósfera que funciona en varios momentos y algunas imágenes verdaderamente perturbadoras. Además, la idea de convertir el posparto en una experiencia de terror tiene suficiente fuerza como para sostener una película completa.

Eso no significa que Engendro sea una mala película, pero como película de terror, se queda corta.

Aquí es donde más pienso en If I Had Legs I’d Kick You. Aquella película demuestra que una experiencia relacionada con la maternidad y el agotamiento psicológico puede convertirse en algo profundamente angustiante sin necesidad de recurrir constantemente a un monstruo o a una explicación sobrenatural. Engendro podría haber tomado un camino similar, pero llevado completamente al terreno del terror: hacer que el posparto, el agotamiento y la pérdida de control sobre el propio cuerpo fueran la verdadera pesadilla.

Póster de Engendro
★★☆☆☆
2/5

¿Vale la pena verla en el cine?

Si eres fanático del terror corporal, las películas de criaturas y las historias que exploran los miedos asociados a la maternidad, Engendro puede ofrecerte una experiencia interesante, especialmente por su atmósfera y algunas de sus imágenes más perturbadoras. Sin embargo, si buscas una película que realmente te haga pasar miedo, probablemente salgas del cine con la sensación de que pudo haber sido mucho más.

¿La recomiendo? Sí, pero con expectativas moderadas. Engendro es una película que vale más por las ideas que propone que por el terror que finalmente consigue entregar.

La película se estrena este jueves 13 de agosto en Chile disponible en Cinépolis. A continuación, puedes revisar el tráiler: