Reseña: Backrooms sin salida: Entre pasillos eternos y desesperación

'Backrooms' es imposible creer que un chico de 20 años haya dirigido está película. Pero quizás no debería sorprender tanto.
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Autor: Agustín Campos

Con una voz propia mucho más definida que la de muchos directores tradicionales. Casos recientes lo demuestran —desde propuestas virales convertidas en fenómeno hasta apuestas más autorales como “Obsession” o “Bring Her Back”—, pero es con Backrooms” de A24, dirigida por Kane Parsons, donde este fenómeno encuentra uno de sus ejemplos más potentes.

Lo que comenzó como una simple creepypasta —una imagen inquietante de pasillos amarillos aparentemente infinitos— se convierte aquí en una experiencia cinematográfica que entiende perfectamente el terror contemporáneo.

Backrooms

Pero ¿Que son los Backrooms? Los Backrooms son un concepto de terror nacido en internet que describe una dimensión paralela a la que se accede al “salirse” de la realidad, como si fuera un error o glitch. Quien cae ahí queda atrapado en un laberinto infinito de espacios vacíos —oficinas, pasillos amarillos, luces fluorescentes— donde todo se siente familiar pero completamente extraño, generando una sensación constante de desorientación y incomodidad.

Parsons no intenta “traducir” el concepto al lenguaje clásico del cine, sino que hace lo contrario: adapta el cine a la lógica del internet. El resultado es una película que se siente distinta, incómoda y, sobre todo, profundamente inmersiva.

El gran titular aquí es Kane Parsons como revelación absoluta. Con solo 20 años, se convierte en el director más joven en trabajar con A24. Pero lo más impresionante es su origen: hace apenas cuatro años, con 16, era un adolescente experimentando con software gratuito de efectos visuales en su habitación. Subió un corto de 9 minutos titulado “The Backrooms” a YouTube y, tras acumular más de 77 millones de visitas y expandir ese universo en una serie web, hoy presenta un filme protagonizado por nombres como Chiwetel Ejiofor, Renate Reinsve y Mark Duplass.

Primeras impresiones: terror liminal que incomoda más de lo que asusta

Ambientada en el Silicon Valley de 1990, Backrooms nos lleva mucho más allá del popular espacio imposible donde la lógica parece desaparecer. La película no se conforma con trasladar los elementos visuales de la serie web; en lugar de limitarse a recrear una sucesión de escenarios inquietantes, Kane Parsons aprovecha el formato cinematográfico para profundizar en temas como la identidad, la percepción y la forma en que las personas construyen sus propias barreras mentales para encerrar sus miedos y traumas más profundos hasta deformarlos por completo.

En este contexto, seguimos a Clark (Chiwetel Ejiofor), dueño de una tienda de muebles que atraviesa una fuerte crisis emocional tras su reciente divorcio, además de cargar con la frustración de sueños que nunca logró concretar. En busca de respuestas, asiste a terapia con la doctora Mary (Renate Reinsve), quien intenta ayudarlo a enfrentar sus conflictos internos. Sin embargo, todo cambia cuando Clark descubre una entrada a los Backrooms en el sótano de su tienda. Lo que comienza como un hallazgo inquietante pronto se transforma en una obsesión: un laberinto de pasillos interminables, habitaciones vacías y estructuras imposibles que desafían cualquier noción lógica de arquitectura, y que poco a poco comienza a consumir su realidad.

Juntos deberán enfrentarse a la desorientación, el aislamiento y la constante sensación de que no están solos, mientras buscan una forma de salir de este espacio que desafía toda lógica.

Desde el inicio, “Backrooms” deja claro que no está interesada en seguir las reglas tradicionales del terror. No hay una narrativa convencional ni una estructura pensada para guiar al espectador. Uno de los aspectos más interesantes es cómo la película construye su terror desde lo simple. No necesita grandes criaturas ni explicaciones complejas. Basta con pasillos interminables, habitaciones vacías y una atmósfera opresiva para generar una incomodidad constante. Es un terror que nace de lo cotidiano, de lo reconocible, pero llevado a un extremo que lo vuelve perturbador y sofocante.

Además, la cinta reafirma una tendencia cada vez más evidente: el nuevo cine de terror está siendo impulsado por creadores que vienen de internet. Al igual que otros proyectos recientes, “Backrooms” se siente más libre, menos atada a las convenciones del cine tradicional. Hay una intención clara de experimentar, de incomodar y de construir algo distinto.

Sin embargo, esta misma propuesta puede ser divisiva. Su ritmo pausado y su falta de respuestas claras pueden alejar a quienes buscan una historia más tradicional. Aun así, cuando funciona, lo hace de manera brillante. “Backrooms” logra algo que pocas películas de terror consiguen hoy: generar una sensación genuina de inquietud sin recurrir a los recursos más obvios.

En términos de terror, se aleja completamente del jumpscare fácil. Aquí el miedo se construye lentamente, a través de la tensión, del silencio y de la incomodidad constante. Es un horror más psicológico y existencial apuesta por lo inquietante, por esa sensación de que algo no está bien, aunque no sepamos exactamente qué. Es un terror que se mete bajo la piel y permanece incluso después de terminada la película.

En medio de esta propuesta tan atmosférica, destacan con fuerza las actuaciones de Renate Reinsve y Chiwetel Ejiofor, ambos actores con reconocimiento internacional y nominaciones al Oscar Reinsve por Sentimental Value y Ejiofor por “12 años de esclavitud”. A pesar de lo minimalista del entorno y la escasez de elementos tradicionales, logran transmitir una carga emocional muy potente. Reinsve aporta una sensibilidad inquietante y contenida, mientras que Ejiofor entrega una interpretación más introspectiva, marcada por la desesperación y la confusión.

¿Vale la pena verla en el cine?

Backrooms

5/5

Sí, Backrooms definitivamente vale la pena verla en el cine, especialmente si buscas una experiencia inmersiva que te envuelva por completo. Su apuesta por el sonido, los espacios y la atmósfera se potencia enormemente en una sala oscura, donde cada zumbido de las luces fluorescentes y cada pasillo interminable se sienten mucho más opresivos. No es una película pensada para distraerse, sino para dejarse absorber por su incomodidad constante, algo que el formato cinematográfico realza de forma notable.

Backrooms no es solo otra película de terror, sino una experiencia distinta dentro del género. Su mayor fortaleza está en cómo construye el miedo: no a través de sustos fáciles, sino mediante una atmósfera constante de incomodidad, desorientación y tensión. Es de esas películas que se sienten más que se explican, y que logran quedarse en la cabeza incluso después de haber terminado.

También destaca por su propuesta visual y sonora, que transforma espacios aparentemente simples en algo profundamente inquietante. A eso se suma el trabajo de sus actores, especialmente Renate Reinsve y Chiwetel Ejiofor, que logran darle peso emocional a una historia que podría haberse quedado solo en lo conceptual.

Pero, sobre todo, vale la pena verla porque representa algo nuevo: una muestra de cómo el terror puede reinventarse desde ideas nacidas en internet y llevarlas a un nivel cinematográfico ambicioso. Con su estreno en Chile y el mundo el 28 de mayo, se presenta como una de esas experiencias que se disfrutan mucho más en pantalla grande que desde casa.