Lejos del tono clásico y luminoso asociado a Superman, la película apuesta por una narrativa más cruda y emocional, centrada en una Kara Zor-El marcada por el trauma, la pérdida y una personalidad mucho más inestable y compleja que versiones anteriores del personaje, como las vistas en la serie Smallville o Supergirl, donde predominaba una visión más optimista, juvenil y tradicional del héroe.
Las primeras opiniones coinciden en que Milly Alcock se adueña completamente del rol, entregando una versión más humana, imperfecta y hasta autodestructiva de la heroína, logrando diferenciar a Supergirl de su primo Superman y construyendo una identidad propia dentro del universo DC.
La premisa plantea una historia de tono más austero y centrado en lo emocional, dejando de lado el gran melodrama épico para enfocarse en el viaje íntimo de sus protagonistas. En la víspera de su vigésimo tercer cumpleaños, Kara Zor-El se encuentra en un estado de bloqueo existencial, recorriendo distintos planetas bajo la luz de soles rojos para limitar sus poderes mientras intenta sobrellevar sus traumas a través del aislamiento y el alcohol.
Todo cambia con la llegada de Ruthye, una joven huérfana que busca venganza tras el asesinato de su familia a manos del mercenario Krem. Este encuentro obliga a Kara a romper su indiferencia y a embarcarse en una misión que se vuelve aún más urgente cuando Krem hiere a Krypto, el fiel compañero de la heroína. A partir de ese momento, ambas protagonistas forman una alianza incómoda que da inicio a un viaje de supervivencia, redención y crecimiento mutuo.

Reseña: Acción, trauma y caos
Desde el inicio, la película deja claro que no busca replicar el tono heroico tradicional, sino construir una narrativa que combina acción, humor y un viaje personal marcado por el trauma de su protagonista.
Uno de los grandes aciertos del filme es, sin duda, la actuación de Milly Alcock como Kara Zor-El. Su interpretación logra capturar una versión mucho más humana, vulnerable y caótica del personaje. Lejos de la heroína perfecta, esta Supergirl es impulsiva, emocionalmente inestable y, en varios momentos, incluso autodestructiva. Consigue transmitir ese conflicto interno con naturalidad, haciendo que el espectador conecte con su dolor, su rabia y su búsqueda en ese sentido. Es una actuación que no solo sostiene la película, sino que redefine al personaje dentro del universo DC.
Por otro lado, tenemos otro de los grandes puntos que es Jason Momoa como Lobo se roba varias de las escenas en las que aparece. Su interpretación es carismática, irreverente y cargada de energía, aportando una cuota de humor y desenfado que equilibra el tono más oscuro de la historia. Momoa parece disfrutar completamente el rol, entregando un personaje exagerado, violento y magnético, que funciona como contrapunto perfecto para la intensidad emocional de Kara. Su presencia eleva el ritmo de la película y la vuelve mucho más dinámica.

Ruthye (Eve Ridley) es una pieza clave dentro del viaje de Supergirl, funcionando como su principal acompañante en esta travesía espacial. A diferencia de Milly Alcock (Supergirl) Ruthye representa una mirada más humana, joven y emocionalmente directa frente al caos del universo que ambas atraviesan. Su presencia no solo equilibra la intensidad y la rabia de la protagonista, sino que también aporta sensibilidad a la historia, convirtiéndose en un punto de apoyo, a través de su relación, la película profundiza en temas como la pérdida, la confianza y la redención, fortaleciendo el núcleo más íntimo de la historia.
Sin embargo, no todo funciona con la misma fuerza. El villano principal Krem (Matthias Schoenarts) no logra consolidarse como una figura realmente memorable dentro del relato. Si bien cumple con su rol dentro de la trama y permite que la historia avance, carece del peso y la profundidad necesarios para convertirse en una amenaza verdaderamente impactante. Aun así, su presencia no arruina la experiencia, ya que la película logra sostener el interés gracias al desarrollo de sus protagonistas.
Visualmente, la película apuesta por escenarios variados y un tono que combina lo épico con lo desordenado, reforzando esa sensación de aventura espacial que la acerca a otras producciones recientes del género. La acción, si bien no siempre es innovadora, resulta efectiva y entretenida, manteniendo un ritmo que evita que la historia decaiga.

En términos narrativos, la cinta apuesta por una estructura de viaje que mezcla acción espacial con momentos de introspección. En este aspecto, recuerda claramente al estilo de Guardianes de la Galaxia de James Gunn, tanto por su combinación de humor y aventura como por la dinámica entre personajes disfuncionales que terminan construyendo vínculos en medio del caos. Esta influencia no se siente como una copia directa, sino más bien como una inspiración que ayuda a darle ligereza y ritmo a la historia.
A diferencia de la película de Superman del año pasado, que apostaba por un tono más esperanzador, luminoso y centrado en la figura del héroe como símbolo de inspiración para la humanidad, esta Supergirl se aleja completamente de esa visión idealizada. Aquí no hay un personaje perfecto ni una narrativa de salvación épica, sino una protagonista mucho más humana, marcada por el trauma, el aislamiento y la autodestrucción emocional, incluso mostrada en escenas donde aparece ebria en bares, evidenciando su lado más vulnerable y descontrolado. Mientras Superman funcionaba como un referente de esperanza y estabilidad, Supergirl se construye desde la fragilidad, el caos interno y una búsqueda mucho más íntima de redención.
Uno de los principales lineamientos de la película parece haber sido mantenerse cercana a los acontecimientos presentados en el cómic La Mujer del Mañana, escrito por Tom King. Aunque las comparaciones siempre resultan inevitables, es evidente que la guionista Ana Nogueira buscó trasladar a la pantalla gran parte de la esencia que convirtió a esta obra en una de las más destacadas del personaje.
El viaje de Supergirl intenta construirse desde un enfoque introspectivo, buscando explorar las razones detrás del carácter de Kara y su compleja forma de relacionarse con el mundo. No obstante, en varios momentos clave la película no logra profundizar lo suficiente en sus emociones, abordándolas de manera algo superficial o apresurada. Esto provoca que ciertos pasajes pierdan impacto dramático y que, en ocasiones, la interpretación de Milly Alcock se sienta algo limitada o desaprovechada, especialmente en escenas donde su personaje pedía un mayor nivel de profundidad emocional y desarrollo interno.
¿Vale la pena verla en el cine?
Supergirl
4/5
Una de las principales dudas con Supergirl era qué tanto se diferenciaría del trabajo previo de James Gunn, responsable de dar forma al nuevo universo DC. La respuesta es que la propuesta de Craig Gillespie termina siendo absorbida, en gran medida, por la estética y el tono ya establecidos por Gunn. Esto no es necesariamente algo negativo, sobre todo para quienes conectaron con el estilo de Superman, pero sí plantea ciertas dudas respecto a la promesa inicial de un universo más diverso en lo visual y narrativo, donde cada proyecto pudiera sentirse realmente distinto.
Aun así, la película logra encontrar su propio espacio gracias a su protagonista y al enfoque más emocional del viaje de Kara, lo que le da identidad dentro de esa estructura ya definida.
En cuanto a si vale la pena verla en el cine, la respuesta es: sí, especialmente por su caos, intensidad, secuencias de acción y las actuaciones principales. Supergirl se estrena mañana 25 de junio en Chile, convirtiéndose en una opción entretenida para quienes buscan una experiencia de superhéroes con un tono más caótico y emocional dentro del nuevo DC.
A continuación, revisa el tráiler de Supergirl:




