Eli Roth regresa con Ice Cream Man o el Heladero: Dulce sabor a muerte, su nueva incursión en el cine de terror y una producción que vuelve a situarlo dentro de un género que ha acompañado prácticamente toda su trayectoria. Comenzó a llamar la atención con Cabin Fever y posteriormente llevó la violencia mucho más lejos con Hostel y Hostel: Part II, películas que terminaron convirtiéndolo en uno de los nombres más reconocibles del terror extremo de los años 2000.
Con el paso de los años, el director continuó explorando diferentes variantes del género con producciones como The Green Inferno, donde volvió a apostar por una violencia gráfica llevada al límite; Knock Knock, protagonizada por Keanu Reeves; y Death Wish, con Bruce Willis.
ambién se alejó parcialmente del terror con The House with a Clock in Its Walls y posteriormente con Borderlands. Sin embargo, uno de sus regresos más celebrados al slasher llegó con Thanksgiving en 2023, película que demostró que Roth todavía podía combinar humor negro, asesinatos exagerados y una premisa deliberadamente absurda para construir un entretenimiento efectivo.

Precisamente por esa trayectoria resulta todavía más difícil comprender lo que ocurre con Ice Cream Man. La película tiene prácticamente todos los elementos que uno podría esperar de Eli Roth: una idea absurda, violencia extrema, humor negro, litros de sangre y una clara intención de incomodar al espectador.
El problema es que esta vez ninguno de esos ingredientes consigue formar una película realmente entretenida.
Ice Cream Man parece construida alrededor de una única provocación: niños asesinando brutalmente a adultos. Roth toma esa idea, la lleva hasta sus últimas consecuencias y la repite tantas veces que aquello que inicialmente podría resultar sorprendente rápidamente se convierte en algo monótono.
Y ahí aparece el mayor problema de la película: detrás de toda la sangre, las mutilaciones y el deseo permanente de escandalizar, hay muy poco que realmente valga la pena recordar.
Ice Cream Man: una idea interesante que rápidamente se queda sin nada que contar
La historia se desarrolla en Bayleen Bay, un aparentemente tranquilo pueblo estadounidense cuya normalidad comienza a desaparecer con la llegada de un misterioso vendedor de helados interpretado por Ari Millen. Su producto tiene un pequeño inconveniente: después de consumirlo, los niños comienzan a transformarse en asesinos dispuestos a atacar brutalmente a los adultos.
Entre quienes consiguen escapar se encuentra Jared (Charlie Zeltzer), un niño marginado que, debido a su intolerancia a la lactosa, no consume los helados que están provocando el caos. Junto a otros jóvenes deberá intentar sobrevivir mientras los niños del pueblo convierten las calles y hogares en un auténtico festival de sangre.
Como punto de partida, la idea podría haber funcionado perfectamente para una comedia de terror absurda. Incluso existe algo atractivo en la imagen de un vendedor de helados convertido en una especie de flautista de Hamelín moderno que utiliza dulces para conducir a los niños hacia la violencia.
El problema es que Roth parece creer que la premisa por sí sola es suficiente para sostener toda la película.
Gore por el simple placer de mostrar gore
Es evidente que nadie debería entrar a una película dirigida por Eli Roth esperando sutileza. La violencia gráfica forma parte de su identidad cinematográfica y algunas de sus películas precisamente han construido su reputación alrededor de la capacidad para incomodar al espectador.
Pero Ice Cream Man demuestra que más sangre no necesariamente significa más terror.

Las primeras muertes pueden provocar cierta sorpresa, principalmente porque son niños quienes ejecutan los actos violentos. Existe algo inevitablemente perturbador en observar cómo personajes asociados normalmente con la inocencia se convierten en responsables de asesinatos brutales.
El problema es que Roth explota tanto esa misma idea que rápidamente pierde cualquier capacidad de impactar. Cuando absolutamente todo intenta ser escandaloso, finalmente nada termina siéndolo.
Y es justamente aquí donde la comparación con Hostel resulta inevitable. En aquella película, Roth utilizaba la violencia gráfica como la culminación de una sensación de peligro que iba creciendo progresivamente.La brutalidad era extrema, pero existía una tensión previa: sabíamos que algo terrible estaba esperando a los protagonistas y buena parte del horror provenía precisamente de esa anticipación.
porque la película había construido previamente una atmósfera suficientemente incómoda para que esos momentos tuvieran peso.
Algo similar, aunque desde un tono completamente diferente, ocurrió muchos años después con Thanksgiving. Sus asesinatos eran exagerados, grotescos e incluso ridículos, pero estaban acompañados por el humor negro y por la lógica propia de un slasher que nunca ocultaba sus intenciones. Roth jugaba con las expectativas del público y encontraba formas cada vez más absurdas de llevar sus muertes al límite, haciendo que el gore formara parte de la personalidad de la película.
Ice Cream Man, en cambio, parece quedarse únicamente con la parte más superficial de ambas propuestas. Pero prácticamente nunca consigue transmitir su incomodidad; lo que queda es una película que acumula mutilaciones, golpes, herramientas convertidas en armas, objetos cotidianos utilizados de las maneras más desagradables posibles y litros de sangre, pero sin conseguir que esas imágenes tengan verdadero peso.
El problema, entonces, no es que Ice Cream Man sea demasiado violenta. Tratándose de Eli Roth, precisamente esa era una de sus principales promesas. El problema es que la violencia termina siendo aburrida.
Después de Thanksgiving, el retroceso es todavía más evidente

Quizás la mayor decepción proviene de que Roth ya había demostrado recientemente con Thanksgiving que todavía podía convertir una premisa absurda en un slasher entretenido.
Aquella película tampoco pretendía reinventar el género, pero al menos comprendía perfectamente sus reglas. Había asesinatos creativos, humor negro, personajes reconocibles y una estructura que permitía que el espectáculo funcionara.
Ice Cream Man parece quedarse únicamente con la sangre.
A todo esto se suma una de las decisiones más cuestionadas alrededor de la película: el uso de inteligencia artificial generativa en parte de sus imágenes. La controversia comenzó después de que espectadores detectaran la participación de Dark Half, un estudio especializado en efectos visuales con IA, mientras que Roth había explicado inicialmente que él mismo había dibujado la secuencia animada que aparece dentro de la película y que posteriormente otros artistas habían ayudado a darle movimiento.
La polémica, además, aparece en un momento en que el uso de inteligencia artificial sigue siendo un debate completamente vigente dentro de Hollywood. La industria continúa discutiendo hasta qué punto estas herramientas deberían incorporarse a las producciones cinematográficas.
El propio director terminó aclarando la situación y reconoció que se había expresado incorrectamente, admitiendo que la IA había sido utilizada en “Me expliqué mal. La IA solamente se utilizó en pequeñas partes de algunas escenas de la película«.
Después de Thanksgiving, resulta difícil no verlo como un retroceso. Roth demostraba que todavía sabía divertirse con las reglas del slasher y aprovechar sus excesos. En Ice Cream Man, por el contrario, parece conformarse con provocar de cualquier manera posible, dejando una película que puede tener más sangre y más polémica, pero considerablemente menos personalidad.
½ de 5 estrellas
¿Vale la pena verla?
Difícilmente. Los fanáticos más extremos del gore pueden encontrar algunas muertes creativas y efectos suficientemente desagradables como para disfrutar determinados momentos. Pero incluso para ese público existen películas mucho mejores que comprenden que una buena escena sangrienta necesita algo alrededor para convertirse en memorable.
Ice Cream Man parece querer funcionar como una película de terror que al mismo tiempo se ríe de sí misma, pero Eli Roth nunca encuentra el equilibrio entre ambas cosas. Además, aparece Ari Millen, quien tenía el potencial para convertir al Ice Cream Man en un villano memorable, pero Roth apenas desarrolla al personaje. Lo mismo ocurre con Jared y el resto de los protagonistas, demasiado superficiales como para generar una verdadera conexión con el espectador.

Estará disponible desde este 24 de septiembre en Cinépolis y Cinemark Chile, llevando la nueva propuesta de terror de Eli Roth a la pantalla grande.
A continuación, revisa el tráiler de la película:




